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Febrero 1 de 2006
Este trabajo tiene como prop�sito y sentido presentar el pensamiento de Varela con relaci�n a las ciencias cognitivas, ya que el autor ha insistido, desde sus comienzos, que las limitaciones de la ciencia y la t�cnica moderna son consecuencia de la falta de conocimiento de la naturaleza humana y del proceso de construcci�n del conocimiento.
Enero 28 de 2006
Recurriendo al modelo de an�lisis presentado por Louis Not en su libro Las pedagog�as del conocimiento, creo que la idea qu� de conocimiento se tenga, determina el aprendizaje del estudiante.
Enero 15 de 2006
En 1959 Charles Snow, pon�a en circulaci�n una idea que alcanz� inmediatamente gran �xito, y todav�a contin�a utiliz�ndose: la de la existencia de dos culturas separadas.
Enero 12 de 2006
Desarrollo de los conceptos de la primera y segunda Culturas y lo que posteriormente dio origen a la tercera Cultura, para desembocar en la que se podr�a considerar como la Cuarta Cultura o la cultura del Ciberespacio o Cibercultura.
Enero 10 de 2006
En este ensayo pretendo mostrar como las tecnolog�as espec�ficamente creadas como herramientas educativas, en vez de aprovechar sus ventajas inherentes y los enfoques modernos y holistas de la educaci�n, a la vez que evolucionan tecnol�gicamente, involucionan pedag�gicamente para convertirse en sistemas que permiten llevar al ciberespacio curr�culos homog�neos, cerrados y totalmente predeterminados de las pr�cticas educativas mecanicistas aunados a controles estrictos sobre la competencias acad�micas de los estudiantes

 

Crisis cultural y educaci�n



En El punto crucial (Fritjof Capra, 1992) nos muestra una sociedad y una cultura en crisis a la cual �s�lo ser� posible encontrar soluci�n cambiando las estructura misma de la red, y esto exige una profunda transformaci�n de nuestras instituciones sociales, de nuestros valores y de nuestras ideas�.

El punto crucial tiene como prop�sito mostrar que la actual crisis cultural tiene su origen en los principios filos�ficos mediante los que se construye el conocimiento cient�fico desde los postulados de Bac�n, Galileo, Descartes, Newton, entre otros.

La cr�tica de Capra a lo que �l llama �la polifac�tica crisis cultural� (Capra Fritjof, 1992, p.27) se centra en la concepci�n mecanicista del mundo que construyen los padres del conocimiento cient�fico, en el dualismo cartesiano, en la desatenci�n ecol�gica y en la tradici�n judeo-cristiana que condicion� las relaciones autoritarias y de dominaci�n de los hombres para con las mujeres y la tierra, �el concepto de la superioridad de la mente racional� (Ib�d. p.44), una visi�n racionalista, autoritaria y de dominaci�n del hombre hacia la naturaleza y hacia la mujer que han dado como resultado el control de la humanidad por la humanidad y el exceso de autoafirmaci�n mediante el uso de la fuerza, el poder y el control.

El conocimiento revelado, la ciencia, la tecnolog�a, el arte y la educaci�n se han orientado al control y, seg�n Capra, el control y la dominaci�n por la fuerza es el modelo que ha terminado por reinar en la sociedad.


El poder de persuasi�n, de enga�o y manejo de la voluntad y la conciencia y, la capacidad de control econ�mico de unos pocos sobre el resto se ha concentrado y perpetuado en manos de una clase dominante que sigue y se alimenta de ideas racistas, clasistas, sexistas que justifican la pr�ctica del despojo, del saqueo, del desplazamiento mediante la estrategia de la guerra y, de la explotaci�n como respuesta a la satisfacci�n de las necesidades b�sicas de supervivencia y, la marginaci�n como mecanismo de exclusi�n y negaci�n de esa multitud de consumidores y productores de riqueza, que los pol�ticos han dado por llamar el pueblo.

Hoy, el transito del conocimiento y la informaci�n, por su estructura y forma de apropiaci�n y manejo han provocado una crisis cultural que ha puesto en duda la presunci�n de verdad del conocimiento cient�fico y la validez de aplicaci�n de la tecnolog�a. El conocimiento y la tecnolog�a en si han perdido credibilidad y no se conf�a en su neutralidad, pues hoy, se le ve como un recurso que se usa con eficacia o para la eficacia; como lo afirma (Vargas Germ�n, 1999) �l ha perdido su funci�n simb�lica; a lo m�s �ste opera como mercanc�a��


La llamada era del conocimiento, herencia de eso que los soci�logos y fil�sofos han llamado con los t�rminos de posmodernidad, globalizaci�n, cibersociedad, y que viene impulsada por la corriente econ�mica denominada neoliberalismo, exige condiciones distintas de los seres humanos que la habitan, donde el meollo del asunto est�, seg�n el PNUD , en la capacidad de educarse toda la vida. (G�mez Buend�a, 1998)

Visi�n que contrasta: por un lado, con un nuevo orden de control donde ya el estado no es responsable de subsidiar los costos educativos, estos se han delegado a la suerte del ni�o, del ciudadano o de la familia y donde el estado se ha reservado el derecho de control y; por el otro, con una educaci�n que se ofrece como mercanc�a y condici�n para insertarse con eficacia y eficiencia en la sociedad; una visi�n educativa que perpet�a y reproduce la concepci�n mecanicista de la vida, una educaci�n que fiel a los postulados de Descartes que da supremac�a al �pensamiento cient�fico con su visi�n de la naturaleza como una m�quina perfecta regida por leyes matem�ticas exactas� (Capra Fritjof, 1992 p. 64).


La educaci�n de hoy, se erige como la piedra de toque de una nueva sociedad basada en el �conocimiento�, educaci�n que ya no es tarea de maestros e instituciones educativas sino que la entendemos como la suma de vivencias sociales que estimulan la capacidad de aprender, y donde toda la sociedad est� involucrada. En la base de las instituciones escolares desde el preescolar hasta el posdoctorado, est� el papel fundamental de la familia y todas las organizaciones sociales (iglesias, partidos pol�ticos, sindicatos, gremios, medios de comunicaci�n, barrio, Internet, etc.). As� la educaci�n pasa de ser un derecho amparado por la Constituci�n Nacional a un deber de todos: �Para crecer como persona y servir como ciudadano, cada uno de nosotros est� obligado a cultivar al m�ximo sus potencialidades, a hacer de la propia vida un empe�o permanente de aprender� (G�mez Buend�a 1998, p. xxix).

El PNUD ha dicho que la prioridad para el siglo XXI es educar, �porque la educaci�n es condici�n de la cultura, la libertad y la dignidad humana� (�dem, xxx). Siendo el pasaporte de cada uno de los individuos y de la colectividad para el ma�ana, lo que exige que la educaci�n sea la primera preocupaci�n de gobiernos guiados por un consenso amplio y duradero, que parte de unos acuerdos m�nimos como el de brindar educaci�n preescolar a los m�s pobres, que permita igualar oportunidades, sin embargo, la realidad se muestra esquiva a La Agenda del Siglo XXI del PNUD, hoy m�s que nunca, la educaci�n de masas es un camino de engranaje para el trabajo, donde no tiene lugar la conciencia, el sujeto y los ideales de libertad y autonom�a intelectual, social y �tica.

Esta educaci�n de la que se habla, debe permitir en el educando ciertas destrezas, saberes, actitudes y valores: �Los necesarios para seguir aprendiendo: lectura, escritura, expresi�n oral, c�lculo, razonamiento l�gico y espacial, apreciaci�n est�tica, capacidad de interpretar y criticar... Los necesarios para convivir: no agredir al otro, saber interactuar, decidir en grupo, cuidar de s� mismo, cuidar el entorno... Los m�nimos necesarios para un trabajo t�pico del siglo XXI: biling�ismo, habilidad matem�tica y de lectura correspondientes al menos al noveno grado, habilidad para solucionar problemas (lo cual conlleva la formulaci�n y prueba de hip�tesis), habilidad para el trabajo en equipo... Los necesarios para entender y disfrutar la ciencia y la tecnolog�a: un pensamiento cr�tico, que sea capaz de poner orden en la experiencia dispersa y sea capaz de revisar una y otra vez sus propios supuestos� (�dem xxxii).

Al iniciar el siglo (XXI) de las esperanzas, las ilusiones y de los cambios prometidos, la situaci�n es por dem�s totalmente opuesta, hasta el punto que la sociedad m�s que otra cosa esta desilusionada del progreso.

La educaci�n como dimensi�n de cambio de los animales y especialmente del ser humano y, la pedagog�a como forma de conocimiento responsable de estudiar y caracterizar la cultura para entrever e interpretar en ella problemas y proponer soluciones de orden educativo no ha escapado a la crisis de la cultura, en ella, m�s que en cualquier otro �mbito del ser humano se refleja y perpetua la concepci�n mecanicista del mundo, el dualismo y el autoritarismo que nos referencia Capra en El punto crucial.


El discurso esperanzador de la UNESCO y del PNUD de lo que ser�a la educaci�n del siglo XXI no ha posibilitado el cambio o la alteraci�n de unas instituciones que se erigieron en la concepci�n mecanicista del ser humano, desde el conductismo y el estructuralismo que concibieron al ni�o como un ser con cerebro y comportamiento y sin conciencia, seg�n los postulados de Watson y Skinner. La instituci�n escolar ha asumido la met�fora de la f�brica donde se domina y moldea al ser humano desde los principios conductistas y los sistemas industriales de evaluaci�n y organizaci�n de eso que los te�ricos han dado por llamar el curr�culo t�cnico de Taylor.

Alternativas para una educaci�n m�s democr�tica

C
reemos sin embargo que la respuesta de la educaci�n a la crisis cultural que evidencia Capra, est� en una educaci�n soportada en vivencias �ticas y culturales propias, que sea capaz de apropiarse de un conocimiento universal en el que se incluyan el saber milenario de todas las culturas y que incentive la experimentaci�n individual y colectiva en busca de la formaci�n de una cultura personal, basada en el conocimiento, la reflexi�n y la capacidad de autocr�tica. Una educaci�n que defina un modo de vida distinta, una educaci�n donde �los ni�os crezcan como personas que se aceptan y respetan a s� mismas, aceptando y respetando a otros en un espacio de convivencia en el que los otros los acepten desde el aceptarse y respetarse a s� mismos�� Una educaci�n donde la competencia sea un error. Maturana Humberto (1990, p. 31). Una educaci�n que proponga nuevos principios �ticos y pol�ticos y, que confi� en la capacidad de autodeterminaci�n y autoaprendizaje del ni�o, del joven y del adulto. Una educaci�n al alcance de todos y con equidad en la calidez, una educaci�n basada en la conciencia y la felicidad.

Una educaci�n que se aproxime al esperanzador discurso de la UNESCO : educaci�n que la Comisi�n Internacional sobre la Educaci�n presidida por Jacques Delors (Al Mufti, In�am 1998,22) nos dice se centra en cuatro pilares fundamentales: primero, aprender a conocer, teniendo en cuenta los r�pidos cambios derivados de los avances de la ciencia y las nuevas formas de la actividad econ�mica y social; segundo, aprender a hacer, adquiriendo una competencia que permita hacer frente a numerosas situaciones, algunas imprevisibles, y que facilite el trabajo en equipo, tercero, aprender a vivir juntos, aprender a vivir con los dem�s, logrando un aprendizaje donde se descubra el otro, donde se adquieran las competencias m�nimas para emprender proyectos comunes y la posibilidad de resolver los conflictos latentes propios de una sociedad dise�ada desde la negaci�n del otro y en la supremac�a de la competencia y, el cuarto, aprender a ser puesto que para bien o para mal, el momento actual exige de mayor autonom�a y capacidad de juicio as� como el fortalecimiento de la responsabilidad individual en la construcci�n del destino colectivo y �sin dejar de explotar ninguno de los talentos que, como tesoros, est�n enterrados en el fondo de cada persona. Parafraseando a Jacques Delors: �la memoria, el raciocinio, la imaginaci�n, las aptitudes f�sicas, el sentido de la est�tica, la facilidad para comunicar con los dem�s, el carisma natural del dirigente�, etc. (�dem, 23).

El papel de la tecnolog�a en una educaci�n m�s democr�tica

V
ale la pena preguntarse �Est� a caso la soluci�n a la crisis cultural en los fundamentos del saber de oriente? �Ser�n los monjes budistas los portadores de la soluci�n a nuestros males? �Encontrar� la humanidad y en especial la cultura de occidente la armon�a de la vida con un cambio de paradigma orientado desde la reflexi�n milenaria de la cultura oriental? O por el contrario, como afirma (H�lderlin Citado por M. Heidegger) �Donde hay peligro, crece tambi�n lo que salva�

Heidegger en su disertaci�n sobre la t�cnica moderna, explica que �el crecimiento se da a partir de las ra�ces profundas y ocultas. Por eso, seg�n H�lderlin, no podemos esperar verlas de modo inmediato y sin prepararnos. Es en esta esencia oculta y profunda donde est� lo que libera� (Heidegger, M. Der Staz vom Grund,1955 - 1956 p�g. 45).

Briggs y Peat, cultivan e insin�an una ilusi�n y una alternativa esperanzadora, sin caer en respuestas precisas, al presentar la ciencia del caos en torno a los modelos ocultos, en los matices, en la sensibilidad de las cosas y en las reglas sobre c�mo lo impredecible conduce a lo nuevo. Y desde esta perspectiva es pertinente explorar los hallazgos y logros de la tecnolog�a en la creaci�n de una sociedad m�s justa y con oportunidades a la creatividad, el buen juicio y la producci�n de conocimiento.

Desde una perspectiva y con el impulso del gran capital, las tecnolog�as de la informaci�n, la comunicaci�n y la computaci�n se han constituido en uno de los medios para agrandar la brecha de las oportunidades, en un gran n�mero de universidades y colegios se han vuelto un �rea estrat�gica de negocio, con ellas se ha asaltado la ingenuidad de los ni�os y el embrujo de los j�venes por el progreso para convertirla en un fin en s� mismas y no en una oportunidad para disfrutar de todos los beneficios de la ciencia, la tecnolog�a, de la comunicaci�n, del compartir y el cooperar o de adquirir y disfrutar de sus beneficios y potencialidades.

En el otro extremo la critica que viene del �pensamiento revolucionario�, de �izquierda�, de �avanzada�, �cr�tico� impide la reflexi�n o el conocimiento de la tecnolog�a o la tecnociencia que ha transformado el capitalismo, de manera especial despu�s de la Segunda Guerra Mundial, impidiendo encontrar en ellas una respuesta a los males que se perpet�an como la pobreza; como si la humanidad tuviera que vivir atada a ella por todos los d�as. Esos mismos �cr�ticos� de la tecnolog�a y de la tecnociencia no se preguntan ni se han preguntado y en qu� forma la tecnolog�a contribuy� a cambiar la lucha de clases, la lucha de liberaci�n, la lucha por la democracia y el socialismo, la Guerra Fr�a, la hegemon�a de las grandes potencias y de la dominaci�n imperialista (o postcolonial como hoy se le llama), la lucha corporativa trasnacional, el neoliberalismo globalizador Gonz�lez Casanova, Pablo (2004, 40) y toda la riqueza que a*****ula la minor�a.

Desde una perspectiva mecanicista es en el uso de la tecnolog�a que el hombre ha medido su progreso. Recordemos que la edad de piedra dur� millones de a�os, la de metal dur� cinco mil a�os, lo que llamamos la Revoluci�n Industrial dur� doscientos a�os. La era el�ctrica dur� cuarenta a�os, la era electr�nica veinticinco a�os y, la era de la informaci�n alcanza hoy veinticinco a�os estando en este momento en la evoluci�n a trav�s de las redes de informaci�n como Internet.

Y es en el seno de las tecnolog�as de la comunicaci�n y la informaci�n - TIC donde se gesta y desarrolla desde hace ya m�s de cuarenta a�os un movimiento subversivo y contracultural capaz de desafiar los dict�menes y principios de la modernidad sobre los que se ha edificado la propiedad sobre el conocimiento y la tecnolog�a, movimiento que por sus principios �ticos merece especial atenci�n. Movimiento que se ha elevado a la categor�a de subversivo que, contrario a las guerrillas del siglo XX y del presente, ha renunciado a la violencia como forma de subvertir el orden y de cuestionar las mec�nicas en las que tiene lugar la marginalidad al conocimiento.

Movimiento que ha propuesto un modelo exploratorio y l�dico de creaci�n de conocimiento desde el aprender haciendo y descubrir a trav�s de la pr�ctica, movimiento tan desconocido como productivo y que tiene hoy en jaque a los protagonistas del capital, movimiento que ha recibido la auto denominaci�n de hacker.

Los Hacker como movimiento contracultural han contribuido a una ideolog�a de la libertad en Internet. �Pero esa ideolog�a no constituye la cultura funcional de Internet ya que no interact�a directamente con el desarrollo del sistema tecnol�gico: la libertad tiene usos diversos. Estos estratos culturales est�n dispuestos jer�rquicamente: la cultura tecnomeritocr�tica se espec�fica como redes de cooperaci�n en torno a proyectos tecnol�gicos. La cultura comunitaria virtual a�ade una dimensi�n social a la cooperaci�n tecnol�gica al hacer de Internet un medio de interacci�n social selectiva y pertenencia simb�lica� (Castells Manuel, 2001 p. 52)

Internet es un ejemplo de autoorganizaci�n, tal y como lo enuncian (Briggs y Peat, 1999), caracterizado por ser un espacio de percepci�n determinado que se ha autoorganizado como un espacio cultural y com�n (Com�n de comunicaci�n). Este espacio se refiere a Internet y las redes que se navegan. Se encuentra soportado en las miles y millones de m�quinas que se encuentran en red en el mundo entero.

En �l tiene lugar el movimiento hacker impulsado por una comunidad que se basa en un sistema de valores que fundan una �tica que de ser asumida por los profesores y profesoras en la educaci�n, contribuir�a enormemente a resolver los fundamentales problemas que aquejan y marchitan el hoy sin dejar esperanza en el ma�ana, los ni�os y ni�as. �tica que seg�n (Pau Contreras, 2005 p. 33) se caracteriza en estos puntos, citemos sin ser exhaustivos:

1. �Toda la informaci�n y el conocimiento debe ser de libre acceso.
2. El acceso a los ordenadores (y a todo aquello que nos pueda ense�ar algo acerca de c�mo funciona el mundo) debe ser ilimitado y total.
3. Desconf�a de la autoridad. Promueve la descentralizaci�n.
4. Un hacker debe ser valorado por sus �hacks�, es decir, por la calidad de sus dise�os y programas, no por criterios falsos y postizos como las titulaciones acad�micas, la raza o la posici�n social.
5. Un hacker puede crear arte y belleza con un ordenador.
6. Los ordenadores pueden mejorar nuestras vidas.

Los principios que definen y caracterizan el movimiento o los movimientos hacker en Internet �no buscan provecho econ�mico y se oponen frontalmente a cualquier forma de negocio o a la comercializaci�n de sus productos� el objetivo de un hacker no debe ser otro que el de disfrutar �aprendiendo y divulgando�� �el modelo de investigaci�n que debe ser utilizado es �p�blico y abierto�� El proceso de construcci�n del conocimiento es colectivo� y se basa en las din�micas del intercambio y la colaboraci�n desinteresada, donde el objetivo fundamental que gu�a la energ�a y el entendimiento es la soluci�n de un problema que alguien tiene o, el inter�s por encontrar una soluci�n en la restricci�n al acceso de informaci�n, al conocimiento, o a un servicio que padece la sociedad. (�dem)

�Es decir, el proyecto no tiene como objetivo �ltimo construir objetos, sino resolver problemas de la comunidad� (�dem, p. 137). Los productos de los hacker son un bien p�blico.

La comunidad hacker denomina inteligencia-red al conjunto de procesos sociales de creaci�n y distribuci�n de conocimientos. (�dem p. 138)

Pensar la educaci�n desde los logros de las comunidades hacker que como cibernautas de Internet se han convertido en los maestros y los investigadores, como ellos mismos se autodenominan, significar�a un cambio de conciencia individual y colectiva que causar�a impactos significativos en la educaci�n.

Todos los elementos de la denominada era de la informaci�n, han llevado a todos los escenarios de la vida moderna el uso de la inform�tica y de la telem�tica y, los maestros, los padres de familia, los directivos, las organizaciones, los alumnos y todos los individuos involucrados en la educaci�n, se ven ante la presencia del computador en las escuelas y, mayoritariamente hemos aceptado que esta presencia es positiva por el mejoramiento que puede tener en el proceso de aprendizaje. A�n cuando no nos hemos puesto de acuerdo en cu�l ha de ser el papel que debe tener o para qu� debemos usar esos costosos recursos que enriquecen a las nuevas industrias de la cultura y la pregunta sobre el uso se hace como dicen (Rexach y Asinsten, 1998) en t�rminos de preposiciones: ��aprender sobre computadoras y redes? o �aprender con computadoras? �Las computadoras como contenido, como objeto de estudio o utilizadas como recurso?� �La educaci�n virtual como alternativa o c�mo negocio?

O, como dice H�lderlin �Donde hay peligro, crece tambi�n lo que salva� y en ese caso, los computadores en red para explorar, conocer e imaginar mundos posibles en las dimensiones de tiempo y espacio donde habitamos todos.

La distancia que desde ciertas posiciones intelectuales hemos asumido, han impedido una reflexi�n para encontrar en ellas alternativas que permitan imaginar nuevos mundos, nuevas formas de relaci�n y compartir, nuevos caminos y derroteros como los credos por el movimiento hacker que han dado lugar a formas de auto organizaci�n red basadas en la �redistribuci�n del conocimiento, no en su a*****ulaci�n� (Ib�d., p. 150)

Dicho en palabras de Pau Contreras, los hacker han creado un modelo m�s apropiado para abordar las nuevas necesidades del �trabajador del conocimiento� que se acerca m�s a la concepci�n cyborg (hombre-m�quina) y toma distancia del modelo industrial del trabajo automatizado (Robot).

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