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Febrero 1 de 2006
Este trabajo tiene como prop�sito y sentido presentar el pensamiento de Varela con relaci�n a las ciencias cognitivas, ya que el autor ha insistido, desde sus comienzos, que las limitaciones de la ciencia y la t�cnica moderna son consecuencia de la falta de conocimiento de la naturaleza humana y del proceso de construcci�n del conocimiento.
Enero 28 de 2006
Recurriendo al modelo de an�lisis presentado por Louis Not en su libro Las pedagog�as del conocimiento, creo que la idea qu� de conocimiento se tenga, determina el aprendizaje del estudiante.
Enero 15 de 2006
En 1959 Charles Snow, pon�a en circulaci�n una idea que alcanz� inmediatamente gran �xito, y todav�a contin�a utiliz�ndose: la de la existencia de dos culturas separadas.
Enero 12 de 2006
Desarrollo de los conceptos de la primera y segunda Culturas y lo que posteriormente dio origen a la tercera Cultura, para desembocar en la que se podr�a considerar como la Cuarta Cultura o la cultura del Ciberespacio o Cibercultura.
Enero 10 de 2006
En este ensayo pretendo mostrar como las tecnolog�as espec�ficamente creadas como herramientas educativas, en vez de aprovechar sus ventajas inherentes y los enfoques modernos y holistas de la educaci�n, a la vez que evolucionan tecnol�gicamente, involucionan pedag�gicamente para convertirse en sistemas que permiten llevar al ciberespacio curr�culos homog�neos, cerrados y totalmente predeterminados de las pr�cticas educativas mecanicistas aunados a controles estrictos sobre la competencias acad�micas de los estudiantes

 

Mente y ni�o c�smico



Carmelia Judith Mart�nez Salcedo

 \"Algo en nosotros  reconoce el cosmos como nuestro hogar. Nuestro origen y evoluci�n estuvieron ligados a distantes acontecimientos c�smicos. La exploraci�n del cosmos es un viaje para autodescubrirnos�

Carl Sagan

 

 

El inter�s fundamental que he venido construyendo por el conocimiento del ciberespacio y por los movimientos humanos y las expresiones que en �l se encuentran, est� estrechamente relacionado con la idea de Humberto Maturana de que el amor se constituye en un aspecto fundamental de la vida, mientras el conocimiento es artificial, un producto de la cultura y de la especie.

 

Desde esta mirada, he considerado importante adentrarme en la idea de mente construida o aportada, por Francisca Varela en su libro El fen�meno de la vida y en la concepci�n de educaci�n que nos presentan Hugo Assman y Humberto Maturana.

 

En la primera parte del escrito, present� mi reflexi�n sobre la idea de mente expuesta por Francisco Varela, por considerar que en la idea de mente-cerebro se encuentra uno de los grandes problemas y dificultades de la educaci�n preescolar y de la concepci�n de ni�o sobre la que se desarrolla y sustenta la educaci�n en la cultura occidental.

Cerebro-mente

 

Para Francisco Varela la fase cibern�tica de la ciencia cognitiva tuvo como prop�sito central crear una ciencia de la mente, que termin� por reforzar la met�fora de la m�quina. El impresionante esfuerzo multidisciplinario cr�tico de los fil�sofos y los psic�logos registr� �xitos sorprendentes, como los que se dieron en el escrito por MucCullog y Pitts, el cual origin�, seg�n Varela, grandes pasos. �En primer lugar, se propuso la l�gica como la disciplina adecuada para comprender el cerebro y la actividad mental.  En segundo lugar, se vio el cerebro como el dispositivo que encarna  principios l�gicos en sus elementos, componentes o neuronas. Cada neurona era vista como un dispositivo tipo umbral que pod�a ser activo o inactivo� (Varela, 2000, 185). Para la cibern�tica, las neuronas constituyen una red de interconexiones capaces de llevar acabo funciones de operaciones l�gicas, raz�n por la cual consideraron el cerebro como una m�quina deductiva.

 

En los planteamientos anteriores, podemos apreciar que la cibern�tica se aleja del concepto de cerebro como parte de un sistema vivo cerrado (Sistema nervioso) en el cual se encuentran interconectada un multimillonario mundo de neuronas, el cual hace parte de un sistema vivo que responde a caracter�sticas de autoorganizaci�n en su interacci�n con el medio.

 

 En palabras de Francisco Varela y Humberto Maturana, �El sistema nervioso expande el dominio de interacciones de un organismo: acopla las superficies sensoriales y motoras mediante una red de neuronas cuya configuraci�n puede ser muy variada. Mecanismo eminentemente simple, pero que, una vez establecido, ha permitido en la filogenia de los mestazoos una variedad y una diversificaci�n inmensa de dominios conductuales. De hecho, los sistemas nerviosos de distintas especies se diferencian esencialmente s�lo en las configuraciones espec�ficas de sus redes �nter neuronales� (Humberto Maturana y Francisco Varela, 1990, 136)

 

Contin�an afirmando los autores que en el caso de la especie humana, �entre neuronas motoras y sensoriales esta interpuesto el cerebro, como un gigantesco tumor de �nter neuronas que las interconectan en una raz�n de (10/10/100.00/1) en una din�mica siempre cambiante�

 

Los anteriores planteamientos han sido muy importantes para la estructuraci�n de la ciencia cognitiva que gobierna hoy la escuela, desde la concepci�n del cerebro-mente.

 

 La influencia de la concepci�n de cerebro-mente aportado por la cibern�tica, introdujo en la escuela la concepci�n de que el cerebro debe representar un mundo dado, de forma simb�lica. El cerebro es entendido desde esta perspectiva, como una m�quina eminentemente deductiva.

 

 Para Varela, la cognici�n es �procesamiento de datos: manipulaci�n de s�mbolos sobre la base de normas que funciona a trav�s de cualquier dispositivo que pueda sustentar y manipular elementos f�sicos discretos: los s�mbolos. El sistema interact�a solamente con la forma de los s�mbolos (sus atributos f�sicos), no con su significado. Se sabe que un sistema cognitivo esta funcionando de forma adecuada cuando los s�mbolos representan apropiadamente alg�n aspecto del mundo real y el procesamiento de la informaci�n conduce a resolver con �xito el problema que enfrenta el sistema (Varela, 2000, 188)

 

Seg�n Varela, la hip�tesis cognitiva encuentra su interpretaci�n m�s literal en la Inteligencia Artificial.

 

Otro elemento importante en la cr�tica de Varela a la idea de mente-cerebro se encuentra en la fuerte influencia que la neurobiolog�a ha tenido del punto de vista del procesamiento de informaci�n.

 

A pesar de los movimientos o de las tendencias alternativas, de la ciencia cognitiva  que Francisco Varela presenta en el Fen�meno de la Vida, �el verdadero desafi� para la ciencia cognitiva esta en el cuestionamiento de la m�s arraigada suposici�n de nuestra tradici�n cient�fica: que el mundo como lo experimentamos es independiente del conocedor. En lugar de eso, si somos forzados a concluir que la cognici�n no puede entenderse apropiadamente sin el sentido com�n, el cual no es sino nuestra historia corporal y social, la inevitable conclusi�n es que el conocer y lo conocido, sujeto y objeto, est�n en una relaci�n de mutua especificaci�n: surgen mutuamente� (Ib�d., 206-207)

 

 Lo anterior, se aparta de la idea que concibe la mente como cerebro, como parcial, de una mente divorciada del mundo, de una mente localizada en el �rgano rector del sujeto, el cerebro.

 

Varela, desde este punto de vista ve la cognici�n como �acci�n efectiva�, como, lo que �l llama acoplamiento estructural, acci�n que genera un mundo en una din�mica donde el sujeto y el mundo interact�an, se modifican y se transforman a trav�s de una red de elementos interconectados capaces de cambios estructurales en una historia ininterrumpida, que da lugar al cambio o a la transformaci�n total del organismo o de la especie.

 

Los aportes de Francisco Varela  a la ciencia cognitiva se pueden resumir en su argumentaci�n de que la percepci�n no consiste en recuperar un mundo �pre-dado�, por el contrario, en una acci�n �perceptualmente guiada� en un mundo, que como se indic� atr�s, es inseparable de nuestras capacidades sensorio motrices. En otras palabras, la cognici�n no es representaci�n de un mundo pre-dado, sino en �acciones encarnadas�

 

 Desde esta perspectiva, la mente, �no se localiza� no esta ni en el organismo ni en el medio, es una construcci�n que surge de la interdependencia y din�mica de la acci�n del sujeto con el mundo, de lo que se puede concluir que el conocimiento es acci�n encarnada, el conocimiento no est� dado, se construye. En palabras de Varela � el mundo que conocemos no es un mundo pre-establecido; m�s bien es un mundo inactuado a trav�s de nuestra historia de acoplamiento estructural, y los goznes temporales que articulan la emergencia de diferentes modos de acci�n est�n enraizados en r�pidas din�micas no-cognitivas que activan diferentes micromundos. Estos goznes constituyen, a la vez, la fuente del sentido com�n y de la creatividad en cognici�n. (Ib�d., 235)

 

Mente

Para Varela, el concepto de mente se aparta de la met�fora que considera, en el caso de los computadores, al software como la mente y al hardware como el cuerpo. En otras palabras, el autor no localiza la mente en el cerebro y no separa a �ste del cuerpo.

 

La concepci�n de mente, que nos expone Varela, rompe con la tradici�n de todo el conocimiento psicol�gico de una mente localizada en el cerebro o de una mente recuerdo o de una mente que se estructura desde la representaci�n, bien sea que �sta llegue desde el recuerdo o la acci�n.

 

La idea de mente no localizada de Varela, se refiere a un fen�meno relacionado con� la mentalidad, con la cognici�n, y en �ltima t�rmino con la experiencia� (Ib�d., 240)

 

 El principio fundamental de lo que es la mente, para Varela, es la enacci�n. �La cognici�n es algo que producimos por el acto de manipular, por medio de una manipulaci�n activa� (Ib�d., 242)

 

El proceso enactivo hace interdependiente el mundo afuera y el mundo adentro. Varela se pregunta �si la mente no est� en la cabeza? ��en donde diablos esta? Y se responde, en este no-lugar de la co-determinaci�n entre lo interno y lo externo, luego no podemos decir que est� afuera o adentro. La mente es inseparable del organismo como un todo, como una red de elementos totalmente co-determinados determina que nuestra mente sea, literalmente, inseparable, no s�lo del dominio milieu interior, el hecho de que no s�lo estamos dotados de un cerebro sino de todo un cuerpo�. (Ib�d.).

 

La mente, as� concebido, nos sugiere que su funci�n es la del manejo y la interacci�n constante con el cuerpo y con el ambiente que le da sentido.

 

La mente no es la representaci�n de un estado de cosas; la mente es la producci�n constante de esta realidad coherente que constituye un mundo, un mundo coherente de organizar las transiciones locales globales.

 

 Los argumentos anteriores, me permiten una reflexi�n con relaci�n a la educaci�n que hoy dirigimos a los ni�os y a las ni�as, ella los condiciona, les impide construir su mundo a partir de su imaginaci�n y fantas�a, su mente, es limitada, amordazada e irrespetada desde el control, que hace parte de un mundo construido para equiparar e instruir.

 

La nueva idea de la mente es una invitaci�n para lograr crear ambientes en los que los ni�os y las ni�as puedan construir su mundo desde su imaginaci�n, sue�o y fantas�a.

 

Encuentro en los planteamientos de Varela, una diferencia con los argumentos de Maturana, para el primero nuestra mente no presenta una divisi�n clara entre la memoria, el afecto o la visi�n, para el segundo el afecto es constitutivo fundamental de lo vivo, mientras el conocimiento es artificial.

 

Sin embargo uno y otro coinciden en afirmar que el afecto o la emoci�n est� en el origen de lo que hacemos cotidianamente en nuestra interacci�n con el mundo. No niegan la importancia de la raz�n, para Varela, la mente es algo que emerge de la totalidad afectiva que est� anclada al cuerpo. �La emoci�n es ya intr�nsicamente cognitiva. Con lo anterior los autores se alejan de la concepci�n mente raz�n� emoci�n y raz�n son componentes de la mente.

 

 

La idea del ni�o c�smico

 

�En el centro de la aventura c�smica, en lo m�s

alto  del desarrollo prodigioso de una rama

 singular de la auto organizaci�n viviente,

 seguimos la aventura a nuestro modo�

Edgar Morin

 

 

Uno de los aspectos que m�s me ha resultado complicado en el desarrollo de mi tesis doctoral o chifladura, es la idea prestada del ni�o c�smico.

 Es precisamente en Francisco Varela en quien he encontrado elementos alentadores para iniciar la conceptualizaci�n o aventura intelectual de imaginar un ni�o c�smico.

 

El concepto de mente expresado y resumido anteriormente se puede constituir en uno de los elementos claves para dicho recorrido, no sin antes advertir, que m�s por convicci�n que por casualidad hago parte del grupo de ambientes educativos virtuales para el aprendizaje aut�nomo, en �l posiblemente ir� encontrando razones y emociones para adentrarme en tan complicado y exigente proyecto.

 

Hablo de la idea prestada de ni�o c�smico por cuanto es una invitaci�n que me hace Francisco Gutierrez, director del doctorado y no una iniciativa surgida desde mi inquietud o desde el contexto donde tiene lugar mi vida.

 En la concepci�n de Varela de que la cognici�n no es la representaci�n de un mundo pre-dado por una mente localizada en la cabeza sino la construcci�n de un mundo y una mente a partir de la historia de la variedad de la acci�n que un ser realiza en el mundo encuentro uno de los elementos fundamentales para conceptualizar y construir la idea de un ni�o c�smico indeterminado y complejo que se hace y estructura a partir de su relaci�n con el medio desde su fantas�a e imaginaci�n. Como bien lo afirma Varela, �nuestro mundo es imaginaci�n y fantas�a, y es por esto que es de fundamental importancia que los ni�os desarrollen el suyo� (Varela, 2000, 247)

 

Ahora, la educaci�n o proceso de transformaci�n del ni�o tiene lugar en ambientes construidos por la cultura, en ambientes que son producto de lo social.

 

Y es tal vez en los ambientes de aprendizaje donde es necesario concentrar mi atenci�n, ya que la escuela que se ha construido desde  la cultura occidental representa un escenario de la met�fora de m�quina. Escenario donde el ni�o o la ni�a son llevados para ser equipado y estructurados para cumplir una funci�n desde concepciones estructuradas por la raz�n.

 

Donde m�s que una educaci�n que posibilite su transformaci�n o la construcci�n y estructuraci�n de mundos posibles con su acci�n, es un lugar de estructuraci�n simb�lica y l�gica.

Sin lugar a dudas, es necesario hacer un esfuerzo intelectual para profundizar a�n m�s en la concepci�n de mente que nos presenta Varela, en la idea de una mente que se construye en la interdependencia del sujeto con el medio.

 

 Una visi�n c�smica puede ser aquella que logre integrar la raz�n y el afecto como elementos integrales de la mente que se construye en la interdependencia del medio y el sujeto y que da como resultado mundos imaginados y creados como producto de nuestras fantas�as. C�mo negar que nuestro mundo, sea el producto de una fantas�a perversa y planificada.

 

Una visi�n c�mica puede ser entendida, como una visi�n que m�s que integral, no desconecta al ser con el medio y que asume que el mundo es una construcci�n de la mente, que se construye y surge en un complicado proceso de interdependencia que se da entre el sujeto y el medio.

 

Por lo tanto, una visi�n c�smica debe basarse en la transformaci�n y construcci�n de un sujeto con capacidad para comprender e interactuar con otras mentes, o para expresarlo de forma textual �para interpretar la mente del otro�

 

Una visi�n c�smica debe contemplar un sujeto �con una especial inteligencia relacionada con la habilidad y capacidad para reconocer estados mentales como los deseos, intensiones y creencias a partir de la presencia corporal del otro: rostro, postura y sonido� (Ib�d.)

 Un ni�o c�smico es comprendido como un sujeto, con identidad, creativo, aut�nomo; sensible a las intensiones, creencias, apariencias y posturas f�sicas, a los sonidos. Un ser con capacidad de relaci�n y comprensi�n de otras mentes diferentes a �l y a las de su especie.

 

Pensar en la mente de un ni�o c�smico, es imaginar ambientes de aprendizaje mediados por los afectos y las emociones, donde el ni�o m�s que relaci�n con lo l�gico y simb�lico, comparta y se sensibilice con otras mentes, que las pueda interpretar y corresponder, sin temores, sin angustias y sufrimientos.

 

La visi�n c�smica que pretendo construir, imagina y fantasea un ni�o a quien le gusta estar junto a otros  porque en ese estado de reuni�n puede sentir c�mo sus ideas se hacen m�s amplias y ricas y puede disfrutar y gozar del crecimiento de las ideas de los otros.

 

Lo que estoy sugiriendo puede llegar a parecer una fantas�a infantil, pero nosotras las que compartimos con los ni�os a diario, sabemos que su capacidad emocional y racional es tan  poderosa, que los ni�os son sensibles a las plantas, a los animales y qu� en su estado natural tienen una gran capacidad de relaci�n y disfrute con la naturaleza. En palabras de Hugo Assman �el vocablo �mente� deber�a entenderse en forma encarnada, como el individuo cognoscente en cuanto participante activo en ecolog�as cognitivas�(Assman, 2002, 36)

 

 Los miedos y los temores les son impuestos, los ni�os son equiparados de mezquindad desde afuera, es la labor de otras mentes que han construido un mundo dual en el que el sujeto se encuentra divorciado del medio y sin capacidad de relaci�n con otras mentes.

 

En la biolog�a perceptiva de Maturana y Varela, el conocimiento se convierte verdaderamente en la organizaci�n de lo vivo que da luz a un mundo, conformado por microcosmo de las c�lulas y el macrocosmos del planeta (Thompson, 1987, 10)

 BIBLIOGRAF�A

 

  1. ASSMAN, Hugo. Placer y Ternura de la Educaci�n. Ediciones Nancea, S.A. Madrid Espa�a, 2002.

 

  1. CAPRA,  Fritjof. La Trama de la Vida. Editorial Anagrama, Barcelona Espa�a, 1998.

 

  1. MATURANA, Humberto y VARELA Francisco. El �rbol del Conocimiento. Editorial Debate. Santiago de Chile. 1990.

 

  1. MATURANA, Humberto y VARELA Francisco. De M�quinas y Seres Vivos. Editorial Universitaria. Santiago de Chile. 1994.

 

  1. MATRUANA, Humberto y VARELA, Francisco. El Fen�meno de la Vida. Editorial Oc�ano. Santiago de Chile. 2000.

 

  1. MORIN, Edgar. Los Siete Saberes Necesarios Para la Educaci�n del Futuro. Ministerio de Educaci�n Nacional. Rep�blica de Colombia. 2.000

 

 

  1. OJEDA, Cesar. Francisco Varela y las Ciencias Cognitivas. Revista Chilena de Neuropsiquiatr�a. Santiago de Chile. 2001.paginas 286 a la 295.

 

  1. THOMPSON, W. I. Gaia Implicaciones de la Nueva Biolog�a. Editorial Cairos. Barcelona Espa�a. 1995.

 



 

 

 
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